EREIGNIS - Heidegger et la phénoménologie

Les textes fondamentaux...

Página inicial > Gesamtausgabe > GA3: ENTENDIMENTO DO SER

KANT E O PROBLEMA DA METAFÍSICA

GA3: ENTENDIMENTO DO SER

§ 41. A compreensão do ser e o ser-aí no homem

quinta-feira 23 de fevereiro de 2017

        

Excertos do § 41. La comprensión del ser y el ser  -ahí en el hombre  , da tradução espanhola de Gred Ibscher Roth, revisada por Elsa Cecilia Frost.

Excertos do §41. The Understanding   of Being   and Dasein   in Human Beings, tr. Richard Taft

        

Roth

Es obvio que nosotros los hombres nos conducimos con relación al ente  . Cuando se nos pide que representemos un ente, podemos referirnos siempre a un ente cualquiera: bien a uno que no soy yo y que no se me asemeja; bien a uno que soy yo mismo, o a uno que, si bien no soy yo mismo, es, sin embargo, en tanto sí-mismo, de mi misma condición. El ente nos es conocido —¿ pero conocemos el ser   ? ¿No nos sobrecoge un vértigo cuando tratamos de determinarlo o siquiera de aprehenderlo en sí mismo? ¿No es el ser semejante a la nada  ? En efecto, fué nada menos que Hegel   quien dijo: “El ser puro y la nada pura son, por lo tanto, la misma cosa  .” [1]

La pregunta   por el ser como tal nos conduce hasta el borde de la más completa oscuridad. Sin embargo, no debemos retroceder prematuramente, sino que hemos de afrontar toda la peculiaridad de la comprensión del ser. Por más impenetrable que sea la oscuridad que rodea al “ser” y a su significado  , siempre será cierto que en todo tiempo y en todo el campo de la patentibilidad del ente tenemos una cierta comprensión del ser para   preocuparnos por el “qué-es” y el “ser-tal” del ente, experimentar o discutir   el “que-es  ”, juzgar o errar acerca del “ser-verdad  ”. Cada vez que enunciamos una proposición, por ejemplo, “hoy es día de fiesta”, comprendemos el “es” y, por ello, algo semejante al ser.

El grito “¡fuego!” implica: se ha iniciado un fuego, se necesita ayuda, ¡sálvese—ponga a salvo su propio ser—quien pueda!” Pero aun en el caso que no nos pronunciemos expresamente sobre el ente, conduciéndonos en silencio frente a él, entendemos sus caracteres, que hacen juego —aunque ocultamente— entre   sí; los caracteres del “qué-es”, del “que-es” y del “ser-verdad  ”.

En cada disposición afectiva, cuando “nos sentimos de una manera o de otra”, nuestro ser-ahí se nos hace patente. De modo   que comprendemos el ser, por más que nos falte su concepto. Este comprender   preconceptual del ser, en toda su constancia y amplitud, es a menudo completamente indeterminado. La forma específica del ser, por ejemplo, de las cosas materiales, de las plantas, animales, hombres, números, nos es conocida, pero lo así conocido es ignorado como tal. Es más, este ser del ente  , comprendido preconceptualmente en toda su extensión, constancia e indeterminación, se da como enteramente “evidente  ”. El ser como tal está tan lejos de convertirse en problema que, por el contrario, parece como si “no hubiera” nada de esa índole.

Esta comprensión del ser, caracterizada escuetamente, se mantiene sin peligro ni   estorbos en el terreno de la “evidencia” más pura. Pero, si no se realizara esta comprensión del ser, el hombre  , por muchas facultades excepcionales que tuviera, no podría ser nunca el ente que es. El hombre es un ente que se encuentra en medio de entes, de tal manera que siempre le fué patente el ente que él no es y el ente que él mismo es. Llamamos a esta forma de ser   del hombre: existencia  . La existencia no es posible sino sobre la base de la comprensión del ser.

El hombre, al conducirse con relación al ente que no es él mismo, encuentra: al ente como lo que le sostiene, a lo que está destinado y cuyo dueño, a pesar de toda su cultura   y técnica, no podrá ser nunca en el fondo. Destinado al ente que no es él, no es dueño, en el fondo, del ente que él mismo es.

La existencia del hombre significa una irrupción tal en la totalidad   del ente, que sólo ahora se hace patente el ente en sí mismo, es decir, en su calidad de ente, según su diferente extensión y según los diferentes grados de claridad   y de certeza  . Este privilegio de no ser simplemente ante los ojos entre los otros   entes, que no se hacen patentes entre sí, sino de hallarse en medio de los entes, entregado a ellos como tal, y de ser responsable de si mismo   como ente, este privilegio de existir implica, en sí mismo, la necesidad de comprender el ser.

El hombre no podría ser el ente yecto que es, en calidad de sí-mismo, si no fuera capaz de dejar ser al ente como tal. Pero para poder dejar-ser   al ente lo que es, y como es, el ente existente debe haber proyectado ya lo que le sale al encuentro, en tanto que ente. Existencia significa estar destinado al ente, como tal, en una entrega al ente que le está destinado como tal.

La existencia como forma de ser es en sí finitud   y, como tal, es posible únicamente sobre la base de la comprensión del ser. Sólo hay algo semejante al ser, y tiene que haberlo, allí donde la finitud se ha hecho existente. De esta manera la comprensión del ser que, ignorada en su extensión, constancia, indeterminación y “evidencia”, domina a la existencia del hombre se patentiza como el íntimo fundamento   de su finitud. La comprensión del ser no tiene la universalidad   inocente de una propiedad humana que aparece frecuentemente entre otras; su “universalidad” es la originareidad del fundamento más íntimo de la finitud del ser-ahí. Sólo porque la comprensión del ser es lo más finito en lo finito, puede posibilitar también las llamadas facultades “creadoras” del ser humano finito.

Y sólo porque se realiza en el fondo de la finitud, le son propias la extensión y constancia mencionadas, pero también su carácter oculto  .

Basándose en la comprensión del ser, el hombre es el “ahí” que realiza con su ser la irrupción inicial en el ente, de manera que éste, como tal, pueda anunciarse a un “sí-mismo”. Más originaria que el hombre es la finitud del ser-ahí en él.

La elaboración de la pregunta fundamental   de la metaphysica generalis, del ti to on  , fué reducida a la idea   más originaria respecto de la esencia   interna de la comprensión del ser, siendo ésta la que sostiene, mueve y dirige todo preguntar explícito acerca del concepto de ser. Hemos intentado una exposición más originaria del problema fundamental de la metafísica para hacer ver la conexión entre el problema de la fundamentación y la pregunta de la finitud en el hombre. Ahora se ve que ni siquiera tenemos que preguntar por la relación de la comprensión del ser con   la finitud en el hombre, ya que esta comprensión es la esencia íntima de la finitud. Así hemos adquirido el concepto de la finitud que está en la base de la problemática de la fundamentación de la metafísica. Si esta fundamentación se apoya en la pregunta acerca de lo que es el hombre, se ha dominado, en parte, esta última cuestión, es decir, la pregunta que interroga por el hombre ha ganado en determinación.

Si el hombre sólo es hombre a raíz del ser-ahí en él, la pregunta por lo que es más primordial   que el hombre no puede ser, en principio, una pregunta antropológica. Toda antropología, aun la filosófica, supone ya al hombre como hombre.

El problema de la fundamentación de la metafísica se enraíza en la pregunta por el ser  -ahí en el hombre, es decir, en la pregunta por su fundamento íntimo, por la comprensión del ser como finitud esencialmente existente. Esta pregunta por el ser-ahí interroga por la esencia del ente así determinado. En tanto que su esencia esté en la existencia, la pregunta acerca de la esencia del ser-ahí es la pregunta existenciaria. Toda pregunta por el ser de un ente y especialmente la pregunta por el ser de aquel ente a cuya constitución pertenece la finitud, como comprensión del ser, es metafísica.

Taft

§41. The Understanding   of Being and Dasein   in Human Beings (p. 158-161)

That we human beings comport ourselves toward beings is obvious. Faced with the task of representing beings, we can always specify any being: a being which is not   like us and which is also not our equal  , a being which is like we ourselves are, and a being which is not like us but which nevertheless, as a self, is our equal. The being is known to us — but Being? Are we not seized with vertigo when we [try to] determine such a thing, even if we should comprehend it properly? Is Being then not something like the Nothing [226-228] [159] [das Nichts]? In fact  , no less a person than Hegel said: “Pure Being and pure Nothing are thus the same  .” [2]

With the question concerning Being as such  , we are poised on the brink of complete obscurity. Yet it is worthwhile not to evade   this prematurely, but to bring the full peculiarity of the understanding of Being   closer to us. For as impenetrable as the obscurity is which shrouds Being and its meaning  , still it remains certain that, at all times and in the entire field of the openness of beings, we understand what Being is in order to concern   ourselves with the what-Being and the so-Being of beings  , in order to experience   and dispute the that-Being, in order to decide about the true-Being [Wahrsein] of the being, and in order to mistake it. In every expressing   of a proposition  , e.g., “today is a holiday,” we understand the “is,” and equally what Being is.

In the cry “Fire  ” [we understand] the following: “Fire has broken out,171 help is needed, he who can save   himself — who can bring his own   Being to safety — should do so!” But at the same time, if we do not express ourselves in particular about the being and if instead we relate to it silently, we understand its characteristics of what-Being, that-Being, and true-Being, which function   with one another, although in a veiled way  .

With every mood   wherein “something is this way or that,” our Being-there [Da-sein] becomes manifest to us. We thus understand Being, and yet we lack   the concept  . For all its constancy   and breadth, this preconceptual understanding of Being is for the most part completely indeterminate. The specific manner of Being, e.g., of material things, of plants, animals, human beings, numbers, is known to us, but this knowledge   is unrecognized for what it is. Furthermore: the Being of the being, which is understood preconceptually in its full breadth, constancy, and indeterminacy, is given   as something completely beyond question. Being [Sein] as such comes into question so seldom that it appears as if there “is” nothing of the sort.

The understanding of Being, which we have concisely sketched out, remains on the undisturbed and safe level of the purest self-evidentness. And yet, if the understanding of Being did not occur, [3] man could never be as the being which he is, and this would be so regardless of the wonderful faculties with which human beings have been equipped. Moreover, man is a being in the midst of beings in such a way that for man the being which he is himself and the being which he is not are always already manifest. We call this mode of the Being of human beings existence. Existence is only possible on the grounds of the understanding of Being.

In man’s comportment toward beings which he himself is not, he already finds the being as that from which he is supported, as that on which he has [160] [228-229] depended, as that over which, for all his culture and technology  , he can never become master. Depending upon the being which he is not, man is at the same time not master of the being which he himself is.

With the existence of human beings there occurs an irruption into the totality of beings, so that now the being in itself first becomes manifest, i.e., as being, in varying degrees, according to various levels of clarity, in various degrees of certainty. This prerogative, however, of not just   being among other beings which are also at hand   without these beings becoming   manifest as such to themselves, but rather [of being] in the midst of the beings, of being surrendered to it as such, and itself to have been delivered up as a being — (or this prerogative to exist harbors in itself the need to require the understanding of Being.

The human being could not be the thrown   being as a self if in general it could not let the being as such be.191 In order to allow the being to be what and as it is, however, the existing being1101 must already have projected that it is a being on the strength of what has been encountered. Existence means dependency   upon the being as such in the submittance to the being as such which is dependent in this way.

As a mode of Being  , existence is in itself finitude, [4]] and as such it is only possible on the basis of the understanding of Being. There is and must be something like Being where finitude has come to exist. Thus the understanding of Being which thoroughly dominates human existence, although unknown in its breadth, constancy, indeterminacy, and indisputability, manifests itself as the innermost ground of human finitude. [5] Compared with many other human peculiarities, the understanding of Being does not have the harmless universality of others which frequently occur. Its “universality” is the originality of the innermost ground of the finitude of Dasein. Only because the understanding of Being is the most finitude in what is finite, can it also make possible the so-called “creative” capacities of the finite human creature. And only because it occurs within the ground of finitude, does it have the breadth and constancy, but also the concealedness, previously characterized.

On the grounds of the understanding of Being, man is the there   [das Da] , with the Being of which occurs the opening irruption into the being so that it can show itself as such for a self. More original than man [6] is the finitude of the Dasein in him.

The working-out of the basic question of Metaphysica Generalis, the τί το δν, has been thrown back upon the more original idea concerning the inner   essence of the understanding of Being, which first and foremost sustains, drives, and directs the explicit questioning concerning the concept of Being  . [229-230] [161] We strove for the more original apprehension of the basic problem of metaphysics  , however, with the intention of making visible the connection between the problem of ground-laying and the question concerning the finitude in human beings. Now it appears: we do not even need first to ask about a relationship between the understanding of Being and the finitude in human beings, that it itself is the innermost essence of finitude. With that, however, we have attained the very concept of finitude which is taken as the basis for a problematic of the laying of the ground for metaphysics. If this ground-laying is based on the question of what the human being should be, then the questionable nature   of this question at a first level is now removed, i.e., from now on the question concerning the human being has attained determinacy.

If man is only man on the grounds of the Dasein in him, then in principle the question as to what is more original than man cannot be anthropological. All anthropology, even Philosophical Anthropology  , has already assumed that man is man.

The problem of the laying of the ground for metaphysics is rooted in the question concerning the Dasein in man, i.e., concerning his innermost ground, concerning the understanding of Being as essentially existent finitude. This question about Dasein asks what the essence of the being [7] determined in this way is. Insofar as its essence lies in existence, the question concerning the essence of Dasein is the existential   question. Every question concerning the Being of a being, however, and even the question concerning the Being of that being to the constitution   of whose Being finitude as the understanding of Being belongs, is metaphysics.

Original

§ 41. Das Seinsverständnis und das Dasein im Menschen

Daß wir Menschen uns zu Seiendem verhalten  , ist einleuchtend. Vor die Aufgabe gestellt, Seiendes vorzustellen, können wir jederzeit beliebiges Seiendes anführen: solches, was wir nicht sind und was auch nicht unseresgleichen ist, solches, was wir selbst sind, und solches, was wir nicht selbst sind, was aber gleichwohl als ein Selbst unseresgleichen ist. Seiendes ist uns bekannt   — aber das Sein? Befällt uns nicht der Schwindel, wenn wir dergleichen bestimmen, es auch nur eigens fassen sollen? Ist das Sein nicht so etwas wie das Nichts? In der Tat, kein Geringerer als Hegel hat gesagt: „Das reine Sein und das reine Nichts ist also dasselbe“. [8]

Mit der Frage nach dem Sein als solchem wagen wir uns an den Rand der völligen Dunkelheit. Doch gilt es, nicht vorzeitig auszuweichen, sondern die volle Eigentümlichkeit des Seinsverständnisses sich näherzubringen. Denn so undurchdringlich das Dunkel ist, das über dem Sein und seiner Bedeutung lagert, so gewiß bleibt, daß wir jederzeit und im ganzen Feld der Offenbarkeit   des Seienden dergleichen wie Sein [227] verstehen, um das Was- und So-sein des Seienden uns kümmern, das Daß-sein erfahren und bestreiten, über das Wahrsein des Seienden entscheiden und es verfehlen. In jedem Aussprechen eines Satzes, z. B.: „heute ist Feiertag“, verstehen wir das „ist“ und damit dergleichen wie Sein, Im Ruf   „Feuer!“ liegt: „Feuer ist ausgebrochen, Hilfe ist nötig, rette sich — bringe sein eigenes Sein in Sicherheit — wer   kann!“ Aber auch wenn wir uns über das Seiende nicht eigens aussprechen, sondern uns schweigend zu ihm verhalten, verstehen wir seine aufeinander — obzwar verhüllt — eingespielten Charaktere des Was-seins, Daß-seins und Wahr-seins.

In jeder Stimmung, bei der „einem so oder so ist“, wird unser Da-sein uns offenbar  . Wir verstehen also Sein und entbehren doch des Begriffes. Dieses vorbegriffliche Verstehen des Seins ist, bei aller Ständigkeit und Weite, meist ganz unbestimmt. Die spezifische Seinsart, z. B. der materiellen Dinge, der Pflanzen, Tiere, Menschen, Zahlen, ist uns bekannt, aber dieses Bekannte ist als solches unerkannt. Noch mehr: das in seiner ganzen Weite, Ständigkeit und Unbestimmtheit   vorbegrifflich verstandene Sein des Seienden gibt sich in einer völligen Fraglosigkeit. Das Sein als solches wird so wenig zur Frage, daß es aussieht, als „gäbe“ es dergleichen nicht.

Das so in knappen Zügen kenntlich gemachte Seinsverständnis hält sich in der ungestörten und ungefährdeten Ebene der reinsten Selbstverständlichkeit. Und doch, geschähe [9] das Verstehen von Sein nicht, der Mensch vermöchte als das Seiende, das er ist, nie zu sein, und wäre er auch mit noch so wunderbaren Vermögen ausgestattet. Der Mensch ist ein Seiendes, das inmitten von Seiendem ist, so zwar, daß ihm dabei das Seiende, das er nicht ist, und das Seiende, das er selbst ist, zumal immer schon   offenbar geworden ist. Diese Seinsart des Menschen nennen wir Existenz. Nur auf   dem Grunde des Seinsverständnisses ist Existenz möglich.

[228] Im Verhalten zum Seienden, das der Mensch nicht selbst ist, findet er das Seiende schon vor als das, wovon er getragen wird, worauf   er angewiesen ist, dessen er im Grunde bei aller Kultur und Technik nie Herr werden kann. Angewiesen auf das Seiende, das er nicht ist, ist er zugleich des Seienden, das er je   selbst ist, im Grunde nicht mächtig.

Mit der Existenz des Menschen geschieht ein Einbruch in das Ganze   des Seienden dergestalt, daß jetzt erst das Seiende in je verschiedener Weite, nach verschiedenen Stufen der Klarheit, in verschiedenen Graden der Sicherheit, an ihm selbst  , d.h. als Seiendes offenbar wird. Dieser Vorzug aber, nicht nur unter anderem Seienden auch vorhanden   zu sein, ohne daß sich dieses Seiende unter sich je als solches offenbar wird, sondern inmitten des Seienden an es als ein solches ausgeliefert und sich selbst als einem Seienden überantwortet zu sein, dieser Vorzug, zu existieren, birgt die Not, des Seinsverständnisses zu bedürfen, in sich.

Der Mensch vermöchte nicht, das geworfene Seiende als ein Selbst zu sein, wenn er nicht überhaupt Seiendes als ein solches sein-lassen könnte. Um aber Seiendes das, was und wie es ist, sein-lassen zu können, muß das existierende Seiende je schon das Begegnende daraufhin entworfen haben  , daß es Seiendes ist. Existenz bedeutet Angewiesenheit auf Seiendes als ein solches in der Überantwortung an das so angewiesene Seiende als ein solches.

Existenz ist als Seins art   in sich Endlichkeit [10] und als diese nur möglich auf dem Grunde des Seinsverständnisses. Dergleichen wie Sein gibt es nur und muß es geben, wo Endlichkeit existent geworden ist. So offenbart sich das Seinsverständnis, das unerkannt in seiner Weite, Ständigkeit, Unbestimmtheit und Fraglosigkeit die Existenz des Menschen durchherrscht, als der innerste Grund seiner Endlichkeit. [11] Das Seinsverständnis hat [229] nicht die harmlose Allgemeinheit einer häufig voTkommen-den Eigenschaft   des Menschen neben vielen anderen, seine „Allgemeinheit“ ist die Ursprünglichkeit des innersten Grundes der Endlichkeit des Daseins. Nur weil das Seinsverständnis das Endlichste im Endlichen ist, kann es auch die sogenannten „schöpferischen“ Fähigkeiten des endlichen Menschenwesens ermöglichen. Und nur weil es im Grunde der Endlichkeit geschieht, hat es die gekennzeichnete Weite und Ständigkeit, aber auch Verborgenheit  .

Auf dem Grunde des Seinsverständnisses ist der Mensch das Da, mit dessenSein der eröffnende Einbruch in das Seiende geschieht, so daß dieses sich als solches für ein Selbst bekunden kann. Ursprünglicher als der Menschd ist die Endlichkeit des Daseins in ihm.

Die Ausarbeitung der Grundfrage der Metaphysica generalis, des τι to ov; wurde auf die ursprünglichere Idee nach dem inneren Wesen des Seinsverständnisses zurückgeworfen, das allererst das ausdrückliche Fragen   nach dem Begriff des Seins trägt, treibt und lenkt. Die ursprünglichere Fassung des Grundproblems der Metaphysik wurde aber in der Absicht angestrebt, den Zusammenhang   des Grundlegungsproblems mit der Frage nach der Endlichkeit im Menschen sichtbar zu machen. Jetzt zeigt sich: wir brauchen gar nicht erst nach einem Bezug   des Seinsverständnisses zur Endlichkeit im Menschen zu fragen, es selbst ist das innerste Wesen der Endlichkeit. Damit haben wir aber denjenigen Begriff der Endlichkeit gewonnen, der einer Problematik der Grundlegung   der Metaphysik zugrunde liegt. Wenn diese Grundlegung auf der Frage fußt, was der Mensch sei, so ist jetzt die Fraglichkeit   dieser Frage in einer ersten Stufe beseitigt, d. h. die Frage nach dem Menschen hat an Bestimmtheit   gewonnen.

Wenn der Mensch nur Mensch ist auf dem Grunde des Daseins in ihm, dann   kann die Frage nach dem, was [230] ursprünglicher ist als der Mensch, grundsätzlich keine anthropologische sein. Alle Anthropologie  , auch die philosophische, hat den Menschen schon als Menschen gesetzt.

Das Problem der Grundlegung der Metaphysik findet seine Wurzel in der Frage nach dem Dasein im Menschen, d. h. nach dessen innerstem Grunde, nach dem Seinsverständnis als der wesenhaft existenten Endlichkeit. Diese Frage nach dem Dasein fragt, welchen Wesens das so bestimmte Seiende’ sei. Sofern dessen Wesen in der Existenz liegt, ist die Frage nach dem Wesen des Daseins die existenziale. Jede Frage nach dem Sein eines Seienden und gar die Frage nach dem Sein desjenigen Seienden, zu dessen Seinsverfassung   die Endlichkeit als Seinsverständnis gehört, ist aber Metaphysik.


Ver online : KANT E O PROBLEMA DA METAFÍSICA (traduções)


[1Wissenschaft der Logik. Obras Completas, t. III, pp. 78 s.

[2Wissenschaft der Logik, Werke, vol. Ill, p. 78f.

[3History as destiny of appropriation

[4Nothingness of the Nothing [Nichtigkeit des Nichtens

[5and thus as the essence of this “finitude"

[6ek-sistent

[7Da-sein, not “being" in the ontic sense

[8Wissenschaft der Logik, Werke, vol. Ill, p. 78f.

[9Geschichte als Gesdiict des Ereignisses

[10Nichtigkeit des Nichtens

[11und somit als das Wesen der hier genannten Endlichkeit