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EL PRINCIPIO VIDA

Hans Jonas: El lugar de la vida

EL PANMECANICISMO Y EL PROBLEMA DE LA VIDA

terça-feira 20 de fevereiro de 2018

        

Traducción de José Mardomingo (2000, p. 23-25)

        

El pensamiento moderno que comenzó con el Renacimiento se encuentra en la situación teórica justamente inversa: lo natural y comprensible es la muerte  , lo problemático es la vida  .

Partiendo de las ciencias de la naturaleza  , ha llegado a dominar el conocimiento de toda la realidad   una ontología   cuyo sustrato es la pura materia, desnuda de todo rasgo de vida. Lo que en la fase animista ni   siquiera se había descubierto, ha llegado ahora a inundar el conjunto de la realidad, sin dejar espacio   para ninguna otra cosa  . El universo de la cosmología moderna, enormemente ampliado, es un campo de masas inanimadas y fuerzas que no persiguen finalidad alguna, cuyos procesos discurren según leyes constantes de conformidad   con su distribución cuantitativa en el espacio. Este desnudo sustrato de toda la realidad solo se pudo alcanzar apartando cada vez más todas las características vitales de los hallazgos físicos y prohibiendo estrictamente proyectar en su imagen la vitalidad que sentimos en nosotros mismos.

Según este proceso iba avanzando, la prohibición del antropomorfismo se extendió al zoomorfismo. El resultado fue la reducción a las características de lo extenso, susceptibles de medida, y por tanto a las matemáticas. Solo esas características reúnen las condiciones de lo que ahora se denomina conocimiento exacto: representan lo cognoscible de la naturaleza. Y al ser lo único que cabe saber   de ella, se convierten también, en virtud de una seductora operación de sustitución, en lo esencial de la naturaleza, y si son eso, son asimismo lo único real de la realidad. El concepto de saber determina el concepto de naturaleza. Esto implica a su vez que lo carente de vida se convierte en lo cognoscible por excelencia, en el fundamento   explicativo de todo, y por ello también en el reconocido fundamento ontológico de todo. Es tanto el estado   «natural» como el estado originario de las cosas. No solo en atención a su cantidad relativa, sino también por lo que hace a la verdad   ontológica, la ausencia de vida es la regla, y la vida la enigmática excepción en el seno del ser físico.

En consecuencia, es ahora la existencia   de la vida en un universo mecánico lo que exige explicación, y esa explicación se proporciona con conceptos tomados de lo carente de vida. En su calidad de caso límite en la homogénea imagen física del mundo  , la vida ha de rendir cuentas de sí misma acatando los preceptos de esa imagen del mundo. Cuantitativamente, una nada   en la inmensidad de la materia cósmica; cualitativamente, una excepción a la regla de sus propiedades; por lo que hace al conocimiento, lo inexplicado en el marco de la [24] universal   explicabilidad de la naturaleza física: la «vida» se ha convertido en la piedra de escándalo de la teoría. Que haya vida, y cómo es posible algo así en un mundo de mera materia, es ahora el problema que se plantea al pensamiento. El hecho mismo de que hoy debamos enfrentarnos al problema teórico de la vida, y no al de la muerte, atestigua el estatus de la muerte como el estado natural y que se explica a sí mismo.

También aquí, el problema consiste en la colisión entre   una convicción muy amplia y un hecho particular. Como antes el panvitalismo, el panmecanicismo es ahora la amplia hipótesis, mientras que el raro caso de la vida, realizado en las condiciones de nuestro planeta, tan singulares como excepcionales, es el improbable hecho particular que parece sustraerse a la ley fundamental y por ello debe ser negado en su independencia, o, lo que es lo mismo, debe ser integrado en la ley general. Considerar   la vida como problema quiere decir aquí reconocer su índole de extraña al mundo mecánico, que es el mundo. Explicarla quiere decir —en esta fase de la universal   ontología de la muerte— negarla, convertirla en una variante de las posibilidades de lo carente de vida. La teoría mecanicista del organismo   es una negación de este tipo, al igual   que el culto funerario y su creencia en la continuación de la vida era una negación de la muerte. L’homme   machine representa simbólicamente en el esquema moderno lo mismo que representaba el «hilozoísmo» en el antiguo: la usurpación de un ámbito, que es negado, por otro que goza de un monopolio ontológico. El monismo vitalista es relevado por el mecanicista, en cuyas reglas de evidencia la norma de la vida se ha sustituido por la de la muerte. También en el nuevo monismo una forma de la pregunta   se dirige hacia atrás: ya no se inquiere cómo ha entrado la muerte en el mundo, sino cómo es que la vida ha entrado en él, carente de ella como era.

El lugar   de la vida en el mundo queda   reducido ahora al organismo, una problemática forma y ordenación particular de la sustancia extensa. Solo en él se encuentran la res cogitans   y la res extensa  , el ser   «pensante» y el ser «extenso», después de haber sido arrancados y llevados a dos esferas   ontológicas separadas, de las que solo la segunda es «mundo», mientras que la primera ni siquiera pertenece a él. Su encuentro en el organismo se convierte así en un indescifrable enigma  . Pero como el organismo en su calidad de cosa corporal es un caso de lo extenso, y por lo tanto un pedazo de «mundo», no puede ser nada esencialmente distinto del resto del mundo, esto es, del ser general del mundo. Este argumento tiene en sí mismo fuerza hacia ambos lados: si ha de haber igualdad, es posible interpretar tanto lo [25] universal a la luz   de lo particular (que se experimenta sin duda como más cercano) como lo particular a la luz de lo universal; con otras palabras, se puede contemplar   la naturaleza del mundo a la luz del organismo, o el organismo a la luz de la naturaleza del mundo. Pero ya ha sido firmemente establecido cuál es el ser universal del mundo: mera materia en el espacio. En consonancia con ello, dado   que el organismo representa la «vida» en el mundo, la pregunta acerca de la vida reza ahora como sigue: ¿qué lugar   ocupa el organismo en el contexto del ser ya definido así?, ¿cómo se pueden reducir esa forma y esa función especiales del organismo a la ley universal del ser? o, más brevemente, ¿cómo se puede reducir la vida a lo carente de ella?


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